26 de febrero de 2013

Reseteando

Hola, me llamo Mario y todos los días es lo mismo, de lunes a viernes repetir los mismos pasos.
Me levanto, escojo la ropa que me voy a poner, la dejo encima de la cama.
Me voy al baño, me lavo la cara, me hago el pelo, me lavo los dientes y, si es necesario, me afeito.
Vuelvo a la habitación, me pongo el traje, le hago el nudo a la corbata, escojo los zapatos y cinturón a juego.
Cojo el maletín que está encima del sofá.
Bajo a la calle y voy al bar de siempre a tomar mi desayuno (muchos me critican y dicen que debería hacérmelo yo, pero no me importa lo que opinen).
Llego al trabajo, papeles por aquí, papeles por allá, llamadas telefónicas, almorzar, seguir con lo mismo de antes, parar a comer con clientes, volver a la oficina y a las 19:00 me voy a casa.


Rápido, no puedo pararme, ya está la vecina de enfrente que siempre me quiere dar conversación. No me puedo parar, no, primero tengo que sacarlo de ahí, tengo que resetearme, y eso me lleva varias horas.
Hago como que hablo por el móvil, saludo alzando un poco la cabeza y me meto corriendo en casa.
Dejo caer el maletín en la entrada de la casa y mis pies intentan ir más rápido de lo que pueden.
Bien, ya estoy frente al espejo.
Primero, mirar en el interior de las orejas, mmmmmmmm, no se asoma, a ver ahora la izquierda, tampoco (¿por dónde saldrá hoy?). Pasamos a ver la garganta, tampoco hay suerte.
Esta vez quizá sea por los ojos!
Tampoco.
Decido ir a tomar una taza de café para engañarle, está aprendiendo ya la rutina, y sabe lo que toca a las 19:50 cuando acabo de llegar a casa.
Noto movimiento, ¿será?
Voy sigilosamente al baño y hago como que me afeito, y ahí está, empieza a asomar.
Hoy le ha dado por el oído derecho.
Poco a poco acerco mi mano y consigo atraparlo.
Ya está, fuera.
Recuerdos malos reseteados.


C. Aliaga C. 

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