3 de marzo de 2013

El rincón de los sueños



Cada noche se sentaba a dejar volar su imaginación.

Su pequeño cuerpo tembloroso asía con fuerza su manta, para ella era su armadura.
Cerraba los ojos e imaginaba que era intocable, que esos momentos eran sólo suyos y que nadie los podría perturbar.
Empezaba a volar viéndose desde lo alto, abandonando su alma terrenal para alejarse de aquel lugar.
Visitaba parajes que existían únicamente en su mente, donde la realidad era la que ella creaba.


Pasos, volvía a la cruel realidad; pasaban de largo, sus temblores disminuían según se alejaban.
Podía seguir soñando.
Había creado su mundo, su ciudad, donde era dueña de todo.
Era muy pequeña, no conseguía entender por qué necesitaba esos momentos de locura para no perder la cordura.
Pasos de nuevo, sus oídos se agudizaban para no dejar de percibir el sonido. Su cuerpo estaba alerta. Temblores de nuevo; volvía al sosiego, tampoco se detenían.
Sus redondos ojos empezaban a cerrarse por el cansancio, ya todo era silencio a su alrededor; esa noche creía que podría dormir tranquila, sin peligros y fantasmas 

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