27 de marzo de 2014

Te regalo mis sentidos


Te regalo mis ojos para así no ver los engaños sufridos, para no notar las punzadas en el corazón, para dejar de sangrar las heridas interiores, para no ver la desdicha de otros ni la propia, para sobrevivir día a día en este caos.
Te regalo mis oídos para no escuchar las mentiras que salen de las bocas ajenas, para no saber como se siente cuando te dulcifican con palabras falsas, para no escuchar las penas que tanto nos afligen que nunca serán compensadas con las alegrías encontradas.
Te regalo mi olfato para no recordar el olor que trae recuerdos, recuerdos junto a alguien querido que ya no está cerca, olores de aquellos sitios que se añoran en lo más profundo de nuestro ser.
Te regalo mi gusto para no saborear ni la victoria ni la derrota, para dejar de notar la amargura y la dulzura, para no degustar el cuerpo del ser amado.
Te regalo mi tacto para no saber las texturas de las cosas, para no saber si una piel es suave, para no saber, si lloramos, que nuestra tez está húmeda, para no poner la mano en los labios evocando un beso o deseando uno no recibido.
Te regalo mis sentimientos junto con mis sentidos, junto mi alma y mi ser, para ser un ser gélido y distante.
Queriendo dejar de abrigar pensamientos, ideas, esperanzas.
Queriendo romper este envoltorio que protege de los disparos que son enviados por hipócritas miradas que su mayor motivación es destruir el objetivo. Personas tan vacías de contenido que sólo albergan materia y aversión. Destructivos.
Queriendo dejar de ser vida para ser nada a la vista del mundo.
Queriendo recorrer todos los recovecos sin ser vigilado por las esperpénticas aves que pisan tierra, que sin pensarlo te desgarrarían la carne aunque se fuese el último suspiro en ello.

Pensamientos sobrantes de unos y que faltan en otros, sadismo y crueldad que superan la bondad y honradez.

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